Vitoria otoñal

Vitoria ni es verde ni fría, es mi ciudad.

Esa que me vió nacer hace cuarenta y cinco años

incluso renacer hace veinticuatro

y qué decir de una Virotia-Gasteiz a la que amo hasta la locura

más cuerda de quedarme en la casa de mis padres,

el honor más honroso

cada día que ellos me regalan

es un día robado a la tristeza más amarga de la soledad

Soledad es mi nombre y lo llevo con el orgullo

de una abuela que sacó diez hijos adelante

y un padre que se desvivió hasta en la muerte.

Es curioso, Vitoria ni es negra ni blanca,

ahora que lo pienso, Vitoria es incolora

porque es la ciudad en la que nadie llora.

O quizá todos internamente dejemos escapar esa lágrima intenra de soledad

pero soy esa Sole o solete, solarmente lunática

y especialmente agradecida a la vida

o al renacer

al saborear un baile

a todas las oportunidades que he dejado escapar

y a las que he de aprovechar.

Vitoria- Gasteriz es incolora

porque todo depende del grado de locura

con que se mire

o quizá de cordura.

Vitoria- Gasteiz, te debo la vida y tus nevadas, tu frío

incluso ETA y sus vícitmas más injustamente muertas

me recuerdan que hay mucha paz por la que luchar

y mucho color que aportar.

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