Aquel once de septiembre

Aún no sé cómo sucedió.

Tampoco sé de dónde salieron aviones que atacaban las torres gemelas de Nueva York.

Fue, ante todo una pérdida de vidas humanas y un dolor sin consuelo.

Ver aquellas perosonas tirándose de las ventanas ardiendo o los bomberos de los Estados Unidos, llenos de ceniza y medio mundo por no deicr todo el mundo pegado al televisor con esas imágenes de los impactos de los aviones en las torres.

No hace falta ni poner fotos ni vídeos, creo que está guardado en la memoria colectiva.

En la memoria histórica en la que si sobra algo son muertos.

Se nos quedan grabadas las tragedias espero que para no repetirlas.

En cada cuerpo estamapdo contra el frío suelo en cada esclaera u oficina o casa en que agonizó cualquiera , peridmos algo.

Alguien, desde luego, alguienes, muchos alguienes muchas personas inocentes,.

Desde ese día la muerte no es lo mismo.

O, mejor dicho, si a este día le juntamos la pandemia y sus dolorosas muertes, pues parece que la muerte nos la quitamos de encima o al menos el dolor que produce con una palmadita en la espalda.

O ni siquiera eso.

es inhumano que la Inteligencia artifical conquiste un mundo que no entinede o que no ha llorado a sus muertos.

Y con ello no me refiero al papel de las plañideras o algo parecido. Ni tanto ni tan poco.

creo que debemos repensar el mundo no sólo desués de la pandemia sino después del once de septimebre del 2001.

Esas torres caídas guardaban valores democráticos ¡qué democráticos! valores humanos como no matar al prójimo o tratar al prójimo como a uno mismo.

Después de que en África mueren niños de hambre , una pandemia que no interesa erradicar, para nutrir del susto supongo , pues creo que con esto digo todo.

A los ricos conviene que haya pobres y a los lugareños desterrados emigrantes buscando un sueño.

Hablando un poco del viaje que es la vida y la muerte, pienso que no somos sino emigrantes de un tiempo que no elegimos vivir pero en el que deseamos vivir holgadamente y quizá no nos conformemos con vivir sino que añadamos esos materialismos que , como la fama, matan.

estoy inqueita buscando unos estudios a los que inscribirme, en esa universidad que prepara para el futuro, o así venden la universidad, cuando creo que lo único que prepara para el futuro son las hostias que uno ha recibido en el pasado y aún así algunas somos tan estúpidas que ni aprendemos …..

y hablando del once de septimebre fue un gran golpe de realidad. Seguro que entre los fallecidos había hombres o mujeres sobresalientes en sus carreras profesionales , seguro que nada es seguro y esa inseguridad de un occidente fuerte e intocable rompió nuestros esquemas y hoy sabemos que el mundo es un lugar menos seguro desde aquel once de septiembre, o quizá más expuesto a la violencia insólita que nos sorperendió en una siesta cuya pesadilla desafortunadamente aún no ha terminado.

Cuando el último ser humano se sienta utilizado por otro semejante, cuando la infancia sea un sueño que cumplir, o un juego que jugar y no trabajar o pedir, cuando el hombre sea humano y por supuesto la mujer humana, y no estemos hablando de bestias salvajes que se fagocitan, entonces, sólo entonces podremos dormir la siesta entre limones y naranjas.

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