Chapuza

Soy nadie, soy nada, y en esta maraña de inexistencia el vacío incólume el desgarrador y casi griterío de vacío viene a no decirme nada. Jamás me había sentido tan estúpida , bueno suelo sentirlo, sentir un aguijón clavado en los espolones del corazón manchado de una sangre que vierto en lágrimas que dejo que salgan al viento tristezas de otros momentos. Me he dado cuenta que no soy perfecta ¡albricias! casi me alegro por ello. No me gusta mucho la perfección, un mundo perfecto es una novela , un cuento, muy apropiado por cierto y en pleno mundo perfecto a lo Aldous Huxley, un terremoto interno, anuncia o denuncia quizá que aún me quedan alaridos desvencijados que echar a un ambiente de guerra y tensiones, de violencia , discusiones e inestabilidad. Mi madre teme que escriba pero ¡cómo no voy a escribir ! es lo único que me queda este llanto alado que escribo que rasgo en el teclado con un alma que piso con mis sandalias de estrenado verano. Y lo peor o quizá mejor o no sé ya es que no tengo motivo alguno ni para temer a mi madre o lo que vaya yo a escribir ni para qué quejarme. Suelo ver gente en sillas de ruedas. O gente con un problema siempre mayor que el mío o que el de muchos. Pero estoy un poco harta de temer, de ese miedo que dice, Sole, no escribas que vas a meter la pata. Ya me da igual, soy tan ridícula que no me importa llegar al ridículo extremo. Solo plasmo lo que siento.

Hoy ha llegado a casa un estúpido ser, una silla de ruedas que ha desvencijado mis sueños de que mi padre me lea la mejor poesía de Antonio Machado o de Federico García Lorca. Recuerdo prístimamente que un atardecer arrebolado, me leía esas poesía en un banco en un atardecer andaluz, y la guitarra era la voz de mi padre y yo su audiencia, y menudo concierto aún lo recuerdo con ternura y cierta rabia. Mi padre ya no lee, mi padre a penas se sostiene y se enfada conmigo más que leerme poemas de otros siglos.

No sé que le pasa a mi padre, bueno sí noventa y tres años le atraviesan el rostro que mantiene tan sincero como siempre. La ancianidad me mata a mí también en su justa medida. Pero con lo que no puedo y jamás podré es con la hipocresía del que dirán. Eso que teme mi madre cuando escribo. A mi me va dando un poco igual trayéndome al pairo nunca mejor dicho lo que los demás opinarán. Y no por nada o por mucho sino porque sé que soy una poeta hueca o lúgubre como dijo mi padre en sus mejores momentos. Sí y siento ser así a quien másduele es a mí. En las venas de este cuerpo grávido y que ya pesa, me duele dolerme. Lo siento. Ya han pasado muchos años desde todo o desde nada. El hecho es que mi mirada ha cambiado a una rapidez acelerada. Mi mirada sí sencillamnete la forma en que mis ojos miran con denuedo y fijeza, intentando ver en el cielo anaranjado un rastro de un ángel alado. Y sé que por ahí estará ese ángel alado si no habría que inventarlo.

Centrémonos. Un día y no sé porqué cuento esto había vuelto de vacaciones y ofrecía mi mejor versión, era bella, con esa belleza que solo dan los diecypico años y el sol. Mi madre me mandó a hacer un recado al bar de abajo, y me encontré con una pandilla de chicos que conocía y me lanzaban de todo menos piropos, era eso una sarta de improperios que casi no me salía la voz para pedir lo que mi madre necesitaba. Esos deshuesados insultos se convirtieron en un complejo, en el de una fealdad en todo lo que soy y represento. No sé ni cómo soy pero sin nunca sabiéndolo o evitándolo siempre ese complejo de mal agüero me ha acompañado siempre.

La vieja gitana que vendía , ¡qué vendía! que regateaba ¡qué regateaba! sobre vendía su flor sobada de romero, me llamó loca de la colina, creo que nadie jamás ha estado más acertada. Yo me ofendí y me enloquecí al momento pero luego, recordando a don Jesús Quintero ojalá fuera una loca de la colina.

Ni siquiera estoy loca como para hacerme la tonta. Creo ya ni sé.

No sé nada, sólo que el mundo es menos mundo con tanta guerra o peor, con tanto muerto. Si sobra algo son muertos y sobre todo los muertos vivientes, esa gente que va dando lecciones de vida o muerte y no han mirado que en el espejo su fantasmagórica figura se dispersa.

Harta de tanto, y esperando la reprimenda de mi madre, escribo, escribo porque no sé ni cómo plasmar esta injusticia.

Uno de mis hermanos se harta a poseer, mientras otro pena, otro cree vivir una vida perfecta de problemas repleta y otra vive histéricamente cualquier acontecimeinto en arrebatos de gritos que no vienen a cuento.

Sin venir a cuento hoy pensaba en tener un superpoder, el de desaprecer he pensado, pero quizá mejor el de parar el tiempo no sé.

En este texto inconexo en el que no sé que pretendo bueno sí, descargar mi valija de entresijos y cuentos por si a alguien le interesa que no creo. ya nadie me lee no sé ni qué teme mi madre.

Como habrá adivinado el inexistente ávido lector estoy de bajón, como se dice ahora, yo prefiero decir que estoy sin estar estando en mí, que una circunstancia o muchas o la totalida de un todo que corta como el filo de una hoja de guillotina me ha robado la vida. Y yo escribendo….

Escribo lo que pienso o pienso escribiendo no lo sé no soy lista jamás lo fui, si fuera inteligente aquí iba a estar yo emborronando páginas que nadie lee.

En fin voy a dejar de excusarme porqué escribo e ir al tema.

Mi padre y su sonrisa tiene un poder de extravagante y pura sincerdad que me arrebata, pero mi padre, de la noche a la mañana ha dejado de sonreír. Yo pido a Dios que le devuleva esa sonrisa sincera y que le quita su ceño fruncido, pero ahora se queda medio boquiabierto y pensando en nada. a mi me genera impotencia, o quizá sea egoísmo puro porque ni una película podemos compartir cómo me va a leer una poesía.

Pero mi padre es grande, de una grandeza que lleva hasta en la vejez aunque vaya más torcido de lo que un andador permita. Es triste llegar a viejo, pero más triste es contemplarlo y ser testigo agrio de una decadencia anunciada. Yo denuncio, desde aquí desde mi púlpito con mis manos de pulpito, temblorosas y que se enredan en sí mismas como los tentáculos del pulpo. Denuncio, denuncio una guerra ¡qué una guerra! dos a falta de una y denuncio ver un niño cuyo cadáver yace en cualquier camilla o avenida de piedras y barracones. Denuncio la guerra sin sentido , o la guerra sencillamente. Denuncio que Elon Musk mande al espacio sus cohetes Space X, ¡se han apropiado de mi cielo! No el cielo en el que yo sueño no tiene dueño alguno ni daño ninguno tampoco.

Denuncio a j’accusse , acuso que como acusica que soy deberían , deberíamos preocuparnos más por nosotros mismos y por el prójimo.

¿Saben? una vez daba café y colacao con bolllos para aplacar un hambre que me he dado cuenta se aplaca con un buen filete no se acalla con un bollo y un café y una idiota como yo dando ánimos cuando todo está perdido. Sí , conozco la deseperación de primera y ajena mano y es desesperadamente frustrante dar un bollo y una palmadita aquién merece un banquete para siempre. Yo era voluntaria de una causa perdida, ahora me doy cuenta que soy protagonista de mi vida ya extraviada en las verandas de la frustración y la desesperanza más bollera que nadie pueda imaginar.

Me lo merezco, yo decidí meterme en la boca del lobo, pues el mordisco recibido me ha dejado atónita. El dolor se va sintiendo a puñaditos, a caladas sinceras de un aire que fumo a bocanadas de desesperación.

Y no sé porqué escribo cuando todo está perdido. Quizá para que nadie cometa el mismo error. Mi error ha sido creer en mí y darme con mi persona en la jeta.

Me odio, me odio por eso y por mucho más de tal forma que el sodio que me administraría en dosis letales no llegaría ni a la sal de la vida que necesito.

Sé más que nunca que estoy perdida y todos dirán pobre Sole o no siquiera eso, porque tendrán sus vidas y sus porblemas pero si hay algo que enarbola mis nervios y aterriza mi alado espíritu volador es la cruda realidad, como no iba a ser de otra manera.

Acuso que uno de mis más amados seres posea y posea y yo lo vea y vea y me quede muda. Me he dado con la vida en las narices y la no vida atraviesa mis raíces, no por ello voy a dejar de luchar siempre fui un superhéroe metido a artista de ese arte que implica cambiar las alas por un estúpido teclado que por no escribir ni siquiera lo hago a mano, pero esto tiene más difusión aunque no sé para qué porque la bronca materna, la animadversión despertada en el lector y demás honores que me sobrevendrán repentinamente, pues me los merezco.

Por bocachancla y por escritora chapuza.

Lo siento

Deja un comentario