Vejez aturullada

Parece que de un día para otro mis padres se han hecho mayores o ancianos. Sin embargo el concepto o el hecho en sí no sería nada extraño dado que el tiempo pasa. Pero en un mundo donde reina la inmediatez, el postureo o la imagen perfecta en el momento preciso, los viejos parecen sobrar.

Sin embargo el andador de mi padre o la anemia de mi madre me recuerdan que somos un palito, ni siquiera una hoia de bambú con derecho a la tan nombrada capcidad de enderezarse flexiblemente como si nada nos hubiera pasado, la resiliencia. No creo en la resiliencia, es otra patraña más que nos han querido meter en la cabeza, eso de enderezarte o superar todo como sinada pasase. No.

Creo en el resilencio, la capacidad de callarse, de mantener eses silencio ajado y manoseado que no diciendo nada dice todo.

Llevo mucho tiempo sin escribir , sin pararme a reflexionar un poco y lo único que ha pasado ha sido tiempo.

Un tiempo que se me antojan siglos de desmejora en salud, o según se mire, mejoría en humanidad, en ternura, en comprensión , en empatía y en algo de despiste también.

Nadie habla d ela muerte porque se pasa mal, pero está aquí.

La muerte para mí, es un paso al cielo, sencilla y llanamente o tan complicado de creer que la fe es un don. Lejos de dones o regalos divinos que nadie conoce si quiera la divinidad, o lo divino, esoty segura que en la sonrisa de mi padre que no se entretiene con nada y está en un duermevela constante, hay algo divino.

La vejez es la hora postrera de la vida en la que no da tiempo si quiera para mirar atrás y preguntarse si algo se ha hecho mal o bien o quizá toda la vida, lo hecho, hecho está.

Me quedo con la sempiterna paciencia de mi madre, la sonrisa y el esfuerzo de mi padre en todos los ámbitos de la vida, en el laboral, en el hogar y en el paternal.

Se acerca la hora postrera en la que se irán

y yo de vuelta de todo no me quiero enterar

un ángel vendrá y les llamará

y en esa angélica hora

lloraré o no sé ni lo que haré

pero vendrá el ángel divino

como el Espítritu Santo vino

y ya no habrá más vino

que beber

ni más mundo en el que renacer

o si me apuran en la muerte queda todo por ver

pero su huella es inmensa

en mi alma queda impresa

que de una madre con la coleta tiesa

y un padre torcido por un andador sencillo

queda todo por traspasar

ese miedo que es un fantasma y debo atravesar

y cuyas túnicas me horripilan espantan y no quiero besar

tan solo dejádme disfrutar de esta vejez , de esta ancianidad

la postrera hora vendrá

y yo sin preparación ni alguna intención

habré de superar lo que se masca

esa mosca cojonera que es la muerte con su hoz

mas no hay ya dolor

el dolor es sufrir en vida

el sufrimiento que nos quita de encima

y en un tris tras somos un alma más o menos

espero que más

que para menos ya está la esperpéntica muerte

dando baza a la suerte

y no quiero mirar

no me quiero ni asomar

como a las ventanas

por las que se contempla la vida

ha llegado la muerte

y con ella

con ella se va mi vida

no la retendré más

no querré atrapar un instante más

de bloqueante ansiedad

y la postrera hora vendrá

y en una milésima de segundo todo arrebatarme querrá

mas no podrá

en mis sienes palpitantes

quedan recuerdos importantes

en mi tembloroso corazón

lecciones de amor

y en mi alma

en mi alma la esperanza de verles

en una aurora boreal

o en un cielo no ya ideal

sino que merecen como dedal

y la postrera hora vendrá

y me encontrará pensando en otra cosa

sorprenderá

siempre lo hace

la muerte tiene ese defecto

sorprende

y cuando menos amanece

sé que el alba y su color tintado

teñirá de lágrimas mi dolor pintado

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