Tengo la suerte de tener una familia especial, maravillosa, acogedora y honesta, buena gente vaya. He estado este fin de semana en Pamplona y me he alojado en la casa de mi prima pequeña. Su casa es un retiro del mundanal ruido, es un descansao de paz, y ella, ella es lo mejor de todo. Todas, todas mis primas y primos tienen algo especial pero sinceramente me siento más identificada o más cercana por así decirlo a mi prima de Pamplona, la pequeña. Es todo amor, inocencia y belleza en su estado más salvaje y puro. Estoy orgullosa de mi familia. Y doy gracias por ello. Sólo quien ha nacido dos veces puede saber lo importante que es volver a una cuna, partir de cero y estar rodeada de amor.
He sufrido, sí pero me ha rodeado el amor más puro y duro, ese que cura y recura que sana y resana.
Estoy tan agradecida, a mis primas especialmente a la pequeña con la que los cigarrillos se evaporaban en conversaciones infinitas, hemos hablado de lo inhablable y me he sentido querida, apreciada y agustico como dien por allí.
No hay palabras para describir las sensaciones experimentadas o los sentimientos sentidos , el amor se queda hasta casi corto si me apuran, he desbordado en paciencia, me he maravillado con la Rochapea y he comido en la plaza del castillo un entrecot que quita el hipo.
Pero me he imbuido de mi prima y he conocido más a fondo su vida, si cabe y sinceramente me chifla su personalildad, su forma de ser y su amor infinito. Esa incoencia madura, ese sufrimiento que sólo ella y yo sabemos qué es, y esa superación que solo se les otroga a quienes se entregan en totalidad.
Gracias.

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