Crónica de Navidad

Para quienes desean con ímpetu que el período navideño acabe, felicidades, a penas queda el día de Reyes. A penas. Como si fuera poco, esa adoración esa entrega de oro, incienso y mirra a quién será rey de almas y acabará en una cruz.

Pues no , la Navidad no es ninguna cruz, aunque pensando en que nos hemos comido las uvas en plena guerra en Gaza o en Ucrania, pues allí donde precisamente se cuenta que Dios nació, se matan. Y no me extraña, entre la raíz de todo la falta de amor o el odio, y nieva o eso parece.

Por fin los ángeles renuevan sus alas, pero quizá ya sea tarde para ángeles, una vez estallada toda guerra. Sin embargo no es tarde para nada ni nadie, el primer bebé que nacía era inmigrante, pero eso ya da igual, en una tierra que es o debe ser de todos.

Jesús también fue inmigrante, y todos tenemos un poco alma de inmigrantes, ni siquiera viivmos aquí para siempre, así que emigramos en vida ,que es la muerte.

Y esta Navidad no ha sido como una limosna de fe, sino más bien como una confirmación de que en este mundo inmundo, a veces lo bueno triunfa,pocas veces, pero bueno.

Me quedo con mis visitas al niño recién nacido en el Belén de la Florida, en el que le veía los ojos de un color distinto cada vez, y dónde a la VIrgen le ha esculpido un pecho horroroso, como a todas las figuras femeninas del Belén.

Y me quedo con Baltasar , y su cruz dorada y ya escrita mi carta a los Reyes Magos, pues sólo cabe esperar.

Aunque pienso que en este mundo en el que las campanadas en París se han retransmitido por móviles inmóviles y no por abrazos, más tiernos, pues la vida se me antoja más triste y la Navidad pues también.

Y he visto un niño gazatí o israelí, no importa la nacionalidad en verdad, atrapado qué atrapado, hundido entre escombros. y es que parece que estamos llamados a hacer de lo más sensible lo más plastificado e insensible.

Quizá ese niño con la cabeza salida, entre escombros, representa lo que queda de humanidad en el ser humano, rescoldos.

Y que la Inteligenica artificial ya ha sustituido al cariño, en vez de abrazarnos lo grabamos todo como ávidos de capturar la imagen y no la sensación del momento.

En fin una Navidad en la que la guerra no ha dejado nacer al Niño en paz, en la que la Virgen ha tenido que casi esconderse durante todo el año para que la reconozcamos en esta «discoteca que parece» el pesebre, como dijo un visitante a la cueva del Belén.

Pues sí , esta Navidad ha sido como ua n discoteca, mucho alcohol, mucha reunión, y mucha hipocresía al bailar imitando a los demás. ¿Nadie sabe dar un paso por sí mismo?

La originalidad ha muerto o la hemos matado a selfies.

Pero ya ni siqueira reímos como antes, ni lloramos, no salen lágrimas del llanto ni estridencia en la carcajada y ahora queda la cuesta de enero, que se nos hará más cuesta arriba con tanta guerra, inflación o precios prohibitivos.

y espero con ansiedad que un copo de nieve o varios, cambien el rumbo con que todo se presenta, maten los virulentos virus, aunque el del odio sé que permanecerá impertérrito, como el Niño al ver a los Reyes, bueno no, seguro que el Niño sonrió a los Reyes . Y seguro porque ese Dios nacido siempre sonríe. Así que me quedo también con la sonrisa dle Niño recién nacido, o la satisfacción de la Virgen que lo ha traído o la confianza del padre que ni siquiera fue, pero actuó como tal.

En fin, se acaba la Navidad, pero no con la Epifanía de los Reyes Magos, sino con el bautismo de Jesús el próximo fin de semana.

Y he de decir que me he peleado con toda mi familia, y de la pelea ni siquiera ha nacido un perdón, o sí dese luego mi egoísmo me ha llevado a pensar en mucha gente, pero dejemos a mucha gente.

Fieles y no tan fieles, se acaba la Navidad y no me suena nada bien cuando el Papa dice que recemos por él, pero bueno esto no sé ni a qué viene.

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