Infancia pisoteada

Hoy, en plena Navidad iluminada, he visto por el televisor un niño gazatí enterrado vivo o israelí, la verdad la nacionalidad no me importa o poco importa ya. Debo confesarlo, me había comprado unos zapatos nuevos los maniáticos veintyuno o más de mi estúpido zapatero. Juro que serán los últimos. Porque mi madre me ha hecho, en un arrebato de razón, mirar el telediario, y lo que he visto me ha sacudido por dentro en un grito de horror, que me ha sumido en una tristeza profunda: un niño gritaba, sólo se le veía la cabeza, sepultado por escombros. Supongo que el dolor de ese nilño, el dolor físico era inmneso, me imagino enterrada viva, pero no en la arena o algo así, rodeada de escombros. Me parece que estamos pisoteando la infancia, que estamos ahogándola. En cada escombro que rodeaba a ese niño he visto el materialismo inmundo de este mundo incluso he pensado que casi con un pisotón el niño acabaría por morir. A un pisotón de morir….Así he querido o deseado que todos los ángeles o los superhéroes aparecieran apra sacar al niño de su tumba en vida. Los gritos eran desgarradores, la cara , de un niño, reflejaba el dolor que estaba pasando y he querido ser pisoteada yo, morir yo en vez de esa infancia que en vez de llenar de ilusión, hemos rodeado, aplastado de escombros.

A continuación reflexiono sobre mi vida , egoísta de mí, y si hubiera un grito para parar tanto sufrimiento, les aseguro que lo he dado.

Aquí paro, paro de salidas nocturnas para encontrar una rana verde que jamás debió antojárseme o para salir a bailar a un ritmo que ya ni siquiera sigo. se me ha quedado el mundo grande, hoy he visto con mis ojos de miope, que a este mundo le falta empatía, paz y sosiego.

Estoy trabajando para el enemigo, y consumo como la que más y bailo y río sin parar. Hasta este mediodía, que me ha abierto los cerrados miopes ojos del día a día.

Estoy harta , harta de vivir en la burbuja de tenerlo todo y ansiar más, de ser una máquina de antojos cuando ese niño, no podía ni salir de ese agujero construido por ansias territoriales o mercados de armas que enriquecen a los mismos de siempre.

Reflexionando, no encuentro sentido a nada, en los gritos de ese niño, hundido, se escondía mi grito por salir de mis escombros.

Qué egoísta sigo pensando en los rescoldos de mis escombros cuando a ese niño se le ha caído el mundo, un mundo que estoy contribuyendo a construir, encima.

Encima, encima yo veo el cielo más nublado, más triste, más panza de burro que ootras veces porque la infancia en el lugar donde nació el Niño, en Belén está siendo asesinada, escombrada y arruinada.

No quiero este mundo, no me gusta nada no me gusto ni yo como para gustarme este mundo material, en el que el odio es signo de identidad, y las armas van y vienen como cañones sin piedad.

Me bajo de este mundo, me paro, yo no quiero vivir así, en un mundo donde maltratamos la infancia, y halagamos el botón o la Inteligencia artificial.

Me paro.

Ojalá hayan sacado a ese niño de esos escombros, no he podido ver el final, sus gritos resonaban en mí, como un eco de espanto y horror el que siento por las guerras y el mundo que hemos construido.

Me bajo del odio, las armas, las guerras y me deseo y os deseo paz.

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