Sobre la guerra

Mi derecho acaba donde empieza el tuyo, es decir, se convierte entonces en obligación para contigo y los demás, así funciona la sociedad. La guerra no es sino vacuo y sordo odio que grita en balazos o bombazos para escuharse. Y da miedo. Y lo peores el miedo al miedo, la fobia. Temer a tu vecino, temerte incluso a ti mismo. Pienso que las guerras nacen de quienes no están en paz consigo mismos, porque no hay guerras, sino guerreros, gente en lucha que olvidó la causa de su lucha y perdiendo la razón de ser y serse , comenzó a buscar culpables,cuando la culpa no es sino la primera excusa para echarnos los trastos a la cabeza.

Es curioso cuando menos este mundo, en el que la imagen brilla, pero la vida parece sobrar y ¡no es así1 nadie sobra, todos cabemos ya sea en un mar Mediterráneo cuyas fauces comen cuerpos no ya de extranjeros sino de hermanos de sangre.

Hemos acabado con el coronavirus pandémico pero¿y el hambre? escuché decir una vez un niño que no comía el pan que se le había dado por no volver a sentir hambre después de ser comido el pan, porque quizá la transitoriedad , la impermanencia de todo nos asuste y no me extraña, el hambre es el dolor de la mentira que se verifica en un niño esquelético casi engullido por unn águila, esa imagen espeluznante la he visto, como la de un niño tirado en una playa , muerto, yerto.

Por eso a penas veo en este mundo de imágenes, porque a veces no quiero sufrir más de lo necesario, pero es necesario, el sufrimiento, al menos para no repetir los errores del pasado.

Pero donde manda don dinero y el comercio armaméntistico o donde el dinero se convierte en estúpidamente cibernético o una inteligencia artificial nos dicta lo que decimos, hemos cedido el poder de la palabra a una máquina¡qué triste!

Igual que las máquinas que matan estrepitosamente, la Inteligencia artificial lo hace silenciosamente.

sé que no arreglaré este mundo pero el terrorismo sobra, en todas sus formas, es un sufrimiento añadido en el que todo está perdido , desbocado y no ya abocado al fracaso sino que es el fracaso nuestro, de esta humanidad.

¡Cuánto dolor! cuánto dolor en una palabra que nos dictan, en un arma que nos mandan enarbolar o incluso matar, esas ideas que lo hacen están más que equivocadas porque el fin no justfica los medios y porque no somos nadie para matar a otro, no somos nadie sino para poner límites a las armas y a las inteligencias artificiales y para limitarnos nosotros mismos, éticamente, pues hay dolores que duelen en su intensa estupidez, de ser humanamente evitables, sin embargo, compramos, vendemos, nos compramos y nos vendemos y hacemos de este mercadeo no sólo un mundo feo sino inhóspito e incómodo, en el que la verdad no quiere escucharse porque cada uno parece tener su verdad. Mas pienso humildemente que la verdad está en sentir sin huir con amor ya sea fraterno o amistoso, y no me llamen cursi, si a caso poeta inquieta en un mundo de imagen, bonita, de locos que quieren pasar por cuerdos o de enfermos en verdad cuya cura no está en retirarse sino en seguir machaconamente hablando de una verdad que es mentira.

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