
Así estaba Mateo, obcecado en las monedas, en el vil metal, vestido de rico, viviendo ricamente, hasta que la mano del Señor, parecida a esa de la Creación, señaló a ese encogido y absorto Mateo.
¡Sígueme! le dijo el Señor, y Mateo pasó a ser San Mateo, dejando todo por todos y para todos.
Quizá esa mano que señala sin señalar, que ensalza y sí, por qué no, señala esa mano debamos sentirla todos en nuestro corazón ocupado.
Ocupado por materiales, por materia, por cosas , que no por Espíritu.
no sé muy bien cómo definir el espíritu, es eso contrario a la materia, un vacío pero un vacío lleno de sentimiento. Un sentimiento que embarga a quien lo siente pues está lleno de paz, de tranquilidad, de humildad , de perdón y de amor.
El amor hacia uno mismo y hacia los demás.
a veces me siento un poco Mateo, entonces no tengo sino que mirar más alla´de mí, levantar mi agobiada y obcecada cabeza y ahí estás
Tú
qué no pensaría Mateo, qué no sentiría para converitrse en San Mateo, quizá un largo camino le esperaba, quizá se cansó de escudriñar monedas y agobiar a la gente, ahora salvándolos para la vida eterna.
me intriga la premura con que Mateo respondió al Señor, quizá estaba cansado de todo, y todos , quizá esa mano divina no señale sino convierta.

Deja un comentario