Tormenta

la paciencia tiene un nombre: madre

la escucha infinita de versiones absurdas: madre

siento tanto ser un problema en movimiento que solo en el viento que bandea los rincones de mi proa , me pierdo. Proa perdida, popa hundida intento navegar por aguas turbias, turbulentas y me hundo. Y en esa pelea contra viento y marea vienen a presentarse sueños de la ratonera en que futilmente me escondo. Y qué pérdida de tiempo se me antoja todo, este galimatías en que busco la encrucijada salida, en la que hago de la distancia entre dos puntos un laberinto. Y me extravío cual navío errante en las aguas del olvido . Olvidé escribir sin embargo la necesidad perentoria me hace volver a mis orígenes y vuelvo solo que ya no vuelo. Los hundimientos han sido tantos y tan aparatosos que ya ni siento dolor ni arena en los ojos en la tormenta de tierra. Estoy ciega. Solo que por decisión propia. He decidido cerrar los ojos a la evidencia para evitar verme hundida en la raíz que debería sujetarse, enarbolarme. Más sé que nada es en vano, ni mi barco, ni mi vela, ni la tormenta de tierra. Sé que este hundimiento ha valido para ahogar la pena.

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