Olvidar, qué bien se me da para unas cosas, pero qué mal para otras. Sobre todo si hay que olvidar otros. Es fácil olvidar una página leída, pero ay un aguijón en el corazón helado que intenta penetrar en el frío témpano de hielo. Eso no se olvida …. y aquí procurando olvidarlo todo, pasar página , una página cuyas letra sé de memoria, de cabo a rabo.
Sin embargo no soy quien olvida, sino la sempiterna olvidada, y duele, duele porque no hallo quietud a mis helados deshielos, porque cuando el viento sopla azuzando la calma mi corazón comienza a sentir el deshielo, lágrima tras lágrima, la única forma que el deshielo aceche un corazón helado. y duele, duele porque el hielo es un bloque que siento rodea mis dulces sueños, y se convierten en pesadillas, en brutales pesadillas en las que mi corazón late, descongelado, por batirse en duelo con el tuyo. Mas sé que el mio saldrá perdiendo, pues ya los témpanos que asoman en lágrimas atoradas lo dicen y lo son todo.
Quisiera tenerte para mí, qué tenerte, sernos, pero he debido ser un espantapájaros en tu vida, un chiste, un chicle que desechar masticado, roto y pegado. Cuánta razón amiga mía, cuánta razón, me siento un chicle pegado y duele porque el cemento arde y me deshago en cada pisotón que siento como una enormidad que despega mi más primigenia sinceridad. Ni siquiera, como el día que elegí mi anestesia, he podido elegir mi sabor. No soy ni de menta ni de fresa, sino de un melón sobrevalorado, una sandía que se ha abierto en canal para sentir que mis pepitas se me hincan en la verdosa piel descubierta.
Sé que no significo nada para ti. Si acaso un contacto más en el desconcertante descontento de mi voz ajada y tu voz perfectamente constante.
Soy ese gargajo que se ahoga en una garganta harta de fumar un tabaco que no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido que te escriba mensajes que se hunden en el vacío de ese olvido que empieza a ser repentino.
Y quiero ser fuerte y pasar de todo como tú, sin embargo me hunde la inconstancia de olvidarte.

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