
La lavanda cae por su propio peso, cae desde el aljibe de una ventana o su alféizar arabesco, que le da un romanticismo ancestral. La ajada pared ha visto crecer miles de flores de lavanda durante cientos de siglos, pero esta lavanda es especial, las perfumeras harán perfumes, las curanderas curas y los visitantes poesía. El morado de su color se asemeja a los cabellos colgando desde la ventana encantada. ¡qué bonita la lavanda en días de primavera floreciente y hermosa!, como esas hojas cuyo verdor son un regalo a la visión.
Nadie se asoma a la ventana, basta la lavanda para representar esos cabellos desmelenados que caen, se desprenden de la ventana arabesca.

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