¿Qué nos sucede?

¿Qué nos sucede? Hemos pasado de ser reivindicativos , de clamar por derechos a dejárnoslos abandonados en un respirador inquietante. La pandemia ha acabado con todo, la crisis económica apunta peor y el cambio climático nos seca las entrañas y el cerebro.

Últimamente traduzco sobre muchos despidos y me inquieta, porque la gente sufre en forma insospechada , sufrimos y a penas nos damos cuenta que , en nuestro sufrimiento, somos afortunados, que el pobre que pide desgañitándose en la esquina sufre más y con mucha más necesidad perentoria y en el abismo de una indiferencia, de una nada insoportable. Mi mayor medio es quedarme así, como ese pobre sin nada, pero creo que lo peor de todo no es eso, sino la indiferencia colectiva, el negar la ayuda , es verdad que estamos y vivimos aturullados, de aquí allá, pero no podemos dejar que la indiferencia, la comodidad nos sostenga.

No sé cómo en qué dimensión ha cambiado este mundo porque estoy inmiscuida en él, pero los cambios se sienten indómitos, o incómodos, todo cambio merece o acarrea una respuesta, pero a veces sencillamente no respondemos, nos llevamos las manos a la cabeza, nos sorprendemos como mucho pero esta inacción tendrá un alto coste. Un coste de una sociedad dormida, adormecida , demasiado acunada. Se lleva el positivismo pero odio la tendencia hacia lo positivo, porque no somos imanes, no estamos cargados positiva o negativamente, somos personas y eso trasciende, va más allá de un tirar hacia delante. ¿Por qué? yo a veces me amarro al presente y dejo que las lágrimas resbalen por mis trémulas mejillas, porque me niego a avanzar en estas condiciones no se va hacia delante así como así, no se tira para adelante a pesar de todo, no , hay muchas cosas o sentimientos que quedan atrapados en una hojaldre pasteloso que explotará en la cara.

Lo siento, no puedo avanzar cuando a mi alrededor veo injusticia, desigualdad o sencillamente conformismo de «me da igual» porque no me afecta. Pero en el fondo todo nos afecta. Hay mucho «colgado» por el mundo, mucha pedrada mental dentro de las que me incluyo pero a veces es necesario enloquecer un poco para cegarse y esto no viene nada bien realmente.

Los pies en el suelo es algo que me enseñaron hace mucho, pero yo me empeño en entaconarme , en alzarme artificialmente, y en volar por nubes impertérritas que me dejan exhausta. Porque pretenderse lo que no es o ser pretenciosa o vivir en las nubes tiene un alto coste: hay que bajar al suelo y darse contra él.

La vida no es maravillosa, pero debemos creer que lo es o hacerla más sencilla, de lo contrario moriremos chafados por la incredulidad. Y hay que creer de paso en la felicidad, esa que tampoco existe, pero hacia la que debemos tender, como la función tiende hacia infinito.

En fin, ánimo a todos en estos tiempos convulsos, de cambios y de aterrizajes forzosos en un suelo empedrado, seco y duro.

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