No hay palabras para expresar la inquietud, el vacío o la desesperanza que siento al verte caer, el dolor, la sangre en tus heridas me duele porque no son sino mis pecados, mi egoísmo, mi envidia, mis ansias de grandeza, mis ecos de protagonismo, mi querer serlo todo, saberlo todo, mi yo , pero cuando expiras sé que todo se ha cumplido, que vuelves a mi, y yo , despistada, pero ansiosa, vuelvo a ti.
Hoy no quiero ser una estúpida pedigüeña, sino agradecer tu cruz, esa por la que tanto sufriste y por la que me has liberado, nos has liberado.
No quiero cosas para esconderte en ellas, materialismo en el que pierdo todo mi espíritu, y el tuyo, no deseo Señor, sino ser instrumento de tu bondad, de tu amor. No voy a pedirte nada, hoy no te rogaré ni te suplicaré hoy Señor, mis ansias mueren, tu cruz es la mía y basta. Ya nos has dicho todo en cada herida derramando sangre, en cada llaga de sudor y lágrimas en cada clavo clavado por nosotros mismos.
Perdónanos pues no sabemos lo que hacemos o ni siquiera pido eso ya, mis labios están sellados, mi corazón late apresurado, mi alma llora y grita de impotencia, mi soledad rodea tu manto rifado, tu cuerpo desnudo, llagado y sangrante.
Me has dejado sin palabras, pero sé que no me has dejado, que incluso en tu expiración te has llevado todo, pero sigues conmigo.
Déjame ser el aire que sujeta esa expiración o sencillamente, no me dejes nada , no me abandones, no nos abandones.
Virgen María, has entregado todo, tu hijo amado, por tu intercesión haz que viva siempre en mi, clavado, que no sea yo su cruz, sino más bien su cayado, su soporte, su varita mágica, su persona en mí, que viva como esa luz de esta vela encendida que prende mi corazón amante y amado.

Deja un comentario