Eternidad del ser

hoy es ocho de marzo, día de la mujer y de los bomberos o de su patrón vaya. Para mí no hay un día de la mujer o del padre o de la madre, todo son eternidades, eternidades del ser.

Siento un hartazgo de celebraciones que se me atraganta la tarta o el dulce obligado. He vomitado. Por fumar tanto o comer más, he explotado. Odio cuando uno tiene ganas de vomitar, es como si el exceso fuera presencia y los escalofríos se presentan en contraste de esa febril culpa de tener y sobre todo, consumir, de todo.

Quizá estemos tan entretenidos teniendo que nos olvidamos de ser, hoy he vomitado mi todo y soy más yo, más sencilla, más ligera, más deshinchada, odio vomitar, pocas veces me pasa muy pocas.

Recuerdo la primera reacción ante un vómito, me prometí a mí misma, a mi hermano mediano también que yo no quería vomitar más. Pero a veces no se puede aguantar, el que sobre todo, el que rebose hasta la comida, sienta mal y los escalofríos febriles son el síntoma sensible de que algo va mal.

Mi hermana vomita con relativa facilidad o vamos si tiene ganas de vomitar no se lo piensa dos veces, yo retengo todo , me trago todo, como siempre.

Así que voy a cambiar de este tema vomitivo que no pega nada con el título de la eternidad del ser.

Con la eternidad del ser me refiero a que una vez que se es, se es. No hay vuelta atrás no sé en qué momento un cigoto o un bebé es, pero ya desde bebés , somos. En miniatura tenemos la impronta genética de todo y mendelianamente me sorprende si es que se puede uno sorprender de esta forma.

¡Eureka!

Somos y el caso es que pienso o siento mejor dicho, que trascenderemos, que de alguna incomprensible forma , seremos en un futuro, en el que física o atómicamente desaparezcamos.

Me encanta la teoría de los agujeros negros de Stephen Hawkings, no entiendo nada todo hay que decirlo, pero una vez que la materia es tragada espero que quede, por honrilla ética o por derecho de humanidad, el escalofrío de la esencia.

No sé si habrá más allá, pero tengo fe, llámenme tonta , ilusa, pero creo en la eternidad del ser. Hablo con mi abuela fallecida ¡llámenme loca! pero quizá me invente conversaciones de mi ego egoísta y omnipresente, para mi estupor, pero creo que hay algo más allá.

Venimos solos, nos vamos solos, pero…siempre un pero en mi argumentación , una pregunta, un apunte quizá caótico o que no venga al caso, el pero de los peros. Pero quizá trascendamos, en un más allá universal y luminoso.

Me imagino el abrazo de Jesús y me emociono, soy católica cristiana pero presumo más de lo que soy porque en el fondo tengo mis contradicciones estúpidas.

Intento tratar a los demás como yo quisiera ser tratada pero a veces ni siquiera acepto un trato.

La religión me ha ayudado mucho a canalizar bastantes sentimientos, como la frustración o el dolor. Un no sé qué de ¡paciencia! grita en mi interior cuando, precipitadamente me lanzo a llorar de dolor. ¡Paciencia! y es como decir stop al pensamiento que se avecina nada halagüeño por cierto.

¡Todo lo malo pasará! otro pensamiento que manoseo y me alivia. Siento todo con una intensidad brutal, como si no tuviera piel, aunque los años se atreven a extender capas de protección, no sé si alegrarme por ello o no.

El caso es que sí, antes hasta escribía mejor, más intensa y emocionalmente, ahora mis palabras no tiene esa huella inocente de ignorada vida, porque he vivido una parte de mi vida ya, y he desarrollado mis trucos, por así decirlo, que evitan que diga amor cando quieren decir sexo, o algo así.

Desde la última vez que vi a mi amor platónico no he vuelto a sentir amor, esas mariposas en el estómago, me han gustado chicos , sí, pero amor amor, pues para los perfumes.

Ahora el amor se estanca en compartimentos de quizá una mano tendida ante alguien que sufre o ante una lágrima vertida de impotencia bélica, o ante esta eternidad del ser que, desde luego, emociona.

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