Sabía que este mundo estaba mal hecho, pero jamás supe que era para tanto, no me quejo de los demás, sino más bien de mí misma. Soy el superlativo egoísmo al cubo, pero lo sé e intento poner remedio. Aunque ya se sabe que los remedios son excusas que nos contamos tranquilamente en el patio de los dolores. Así que aquí estoy más sola que la una, como yo misma elegí, y mi llanto es tal que no me sale la lágrima. El dolor es tan sordo que no lo siento pero lo padezco, y lloro sin saber de qué me duelo, aunque últimamente sé que mi egoísmo tiene cura, y es mirar más allá de mis narices y ver que la gente sufre y se duele como yo, o quizá no tanto, pero la vida duele en su falsa vulnerabilidad de felicidad como escucho en esta canción que sale del televisor.
Y siempre estaré sola, pero al menos voy a dejar de decir verdades, que duele en la sinceridad de la verdad entendida como sensibilidad.

Deja un comentario